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THE MEXICAN/AMERICAN JUNGLE ORCHESTRA & ( SIC ) EN EL ALICIA
por David Cortés

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Ruido: paradoja del siglo XX, veta sonora interminable del XXI. Ruido como enmascaramiento, como forma de eludir la musicalidad y ocultar carencias. Ruido como propuesta estética. “Cualquier ruido, en un contexto determinado, se vuelve música” dijo Irmin Schmidt, citando a John Cage, hace unas semanas en una rápida visita a la ciudad de México.

El reto es ese, hacer del ruido música.

Esta noche me convoca al Alicia el gigantismo de la Mexican American Jungle Orchestra, una entidad que habrá de ser dirigida por Marco Eneidi. Mis oídos vienen preparados para una sesión de free jazz y de improvisación de la cual aún desconozco la densidad, aunque intuyo algunas capas de la misma.

Por eso cuando el escenario del lugar es tomado por ( SIC ), mis sentidos están abiertos a cualquier propuesta, deseosos de sorpresa. Se trata de un dueto (Rodrigo Ambriz y Julian Bonequi) con un mínimo de recursos, pero amplia imaginación, que comenzó a trabajar en 2013 en ese venero que es la improvisación extrema y lo que ellos llaman rituales de alienación.

Si llama la atención la dupla es porque lo que encontramos aquí es una búsqueda del ruido, un desarrollo del mismo y la utilización de este para crear intensos pasajes sonoros. Ambriz, aka Cacophonic Joy, hace de la voz una cimitarra. Grita, aúlla, produce sonidos hirientes, pero también posee un control y dominio sobre su garganta y los procesos (sampleos, electrónica) con los cuales la trata. Junto a Bonequi, quien además de una minúscula batería (cortada por él mismo), utiliza otros enseres para producir sonido y disparar bajos con la boca, crea atmósferas, texturas que provocan emociones en donde el dolor es apenas una de ellas. El trabajo de ( SIC ) es atractivo porque construye sensaciones paulatinamente, establece tensiones y cuando parece no haber salida, se llega a una resolución sorprendente; es el ruido como experiencia estética, como fuente sonora inagotable.

 

 

Hoy Marco Eneidi (sax alto), quien está de visita en una pequeña gira por México para presentar el disco Cosmic Brujo Mutafuka (junto a Itzam Cano y Gabriel Lauber) ha reunido un ensamble de improvisadores: Ernesto Martínez (tenor), Remi Álvarez (barítono), Alfonso Muñoz (alto), Germán Bringas (tenor), Carlos Alegre (violín), Misha Marks (corno), Arthur Henry Fork (guitarra), Itzam Cano (cello), Alain Cano (contrabajo), y Gabriel Lauber (batería).

La troupé impresiona por su gigantismo, pero al mismo tiempo es un gran enigma, un enigma cuya resolución es inmediata. Sí, se advierten los errores propios de una agrupación que se conjunta ex profeso para un concierto y con poco tiempo para ensayar; pero también los aciertos.

Eneidi es un director, que al menos en esta ocasión, hace uso de mano ligera. Ha estructurado una composición en la cual encontramos los temas que le darán realce, cuerpo y consistencia a la masa sonora, pero también está el espacio para los improvisadores, los cuales, afortunadamente, no solean por obligación, sino por necesidades del tema.

Él echa mano de su experiencia y genera in situ una composición en la que los alientos son los aparentes protagonistas, pero en donde el resto de los instrumentos establecen diálogos. Ahora las cuerdas, parece decir la mano de Eneidi, ahora la percusión, ahora un unísono de los alientos, ahora un obligado.

Luego de unos cuarenta minutos, estamos frente a otra experiencia del sonido. Esta que nace de la sutileza y de la perfección de los instrumentos, pero que en las manos de cada uno de los integrantes de esta orquesta ve trastocado su uso. Músicos que gustan de riesgos, de romper obstáculos y desoír consejos, músicos que quieren establecer su propia voz, pero que saben, cuando es necesario, plegarse a esa mano firme que hoy va de lo abstracto a la edificación de una forma.

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David Cortés.
Mayo del 2015

 

 

 

+ ENTREVISTAS

 

Audition Records: ¿En qué sentido el free jazz mexicano es un movimiento y en qué sentido se manifiesta con respecto a la música y al movimiento original que le dió la razón de su existencia?

 

David Cortés: Es una respuesta que no se puede hacer brevemente. El free jazz es un movimiento en México desde el instante en que hay uno o varios individuos o grupos dedicados a su práctica. Hay quienes se adscriben a él como una moda, otros que lo hacen con la idea de contribuir al movimiento original, tal vez solo a nivel nacional, pues a nivel internacional es difícil dado que en otros países hoy hay una tradición mucho más sólida.

 

¿Por qué escribir sobre cualquier música y cómo es que aporta o contribuye, como para qué sea importante que se escriba sobre ella?

 

Siempre será importante escribir sobre cualquier música, es una manera de inducir a la crítica, de exponer a los escuchas que no solo hay una manifestación sino varias que se dan al mismo tiempo o de manera paralela y es importante señalar los caminos que se han transitado ya o los que están por transitarse a fin de que el aficionado tenga la información que le permita hacerse de elementos para conformar una opinión siempre crítica y argumentada.

 

Hay una nueva oleada de charlas y conferencias sobre la escena underground musical en general en los últimos años. Si la crítica tiene que profesionalizarse y fomentarse en su continuidad — algo que asumen muchos músicos —, ¿qué piensas en cambio sobre la necesidad de profesionalización de la escena en nada “experimental”, en cuanto a crear nuevos modelos de producción y difusión para que sea rentable cualquier rol dentro del entramado underground?

 

La profesionalización es muy importante. La escena es un conglomerado en el que confluyen músicos, propietarios de lugares, promotores, críticos, difusores y público. El problema, creo, es que no hay un reconocimiento de los caminos andados y, como siempre en este país, se parte de cero. Se cree que lo que se hace ahora es innovación, cuando hay un antes que es importante reconocer. Si este antes ha aportado o no, es otro asunto (de hecho hay muchas cuestiones a considerar en este tema), pero lo que es importante combatir es la ignorancia que lleva a la emisión de juicios de valor fáciles. Es una escena que debería consolidarse y permitir a todos los implicados verlo como un trabajo del cual se puede vivir con dignidad, no con lujos, pero sí con lo suficiente para dedicarse de lleno a ello.

 

Un enunciado: La música no lo es todo. ¿Qué piensas si te digo que ( SIC ) recibió 70 pesos por el concierto?

 

Que es una putada, pero lo relaciono con el surgimiento de esa escena que señalé en la pregunta anterior. Los músicos necesitan tocar con frecuencia y para ello debe haber espacios ( y organizadores ) que los remuneren dignamente. La gente debe acudir, si le interesa, porque su asistencia valida y permite consolidar esa práctica. Y los críticos deben estar allí para señalar los movimientos que se dan en ese entorno. Solo mediante la confluencia de todos los interesados, se puede llegar a generar una escena sana que no solo sea producto de las buenas intenciones y que permita acercarse a una profesionalización. Ser subterráneo no significa no cobrar ni vivir siempre al margen.

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Publicado el Lunes 4 de Mayo de 2015