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LA CONGREGACIÓN DE LOS GRISES
por Inti Meza

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Querían vivir a semejanza de la iglesia primitiva y lo ponían todo en común;
se llamaban todos hermanos y el uno suministraba al otro aquello de lo que carecía.

 

 

 

 

¿Quiénes son los grises? Son muchos los grises. Dan la impesión de ser más de cuarenta bandas repartidas por toda la república aunque la raíz está asentada en Ciudad de México. Explotan varios subgéneros del punk y el metal. Deambulan por el ruido y la autogestión. Son antes que nada, una asociación de músicos y alrededor de ellos, una pléyade de artistas gráficos y visuales.

 

Un par de días antes de que se celebre el tercer festival, acompaño a Julian a la última reunión organizativa del colectivo. El centro de reunión es una vieja casona ubicada al sur de la ciudad. Ahí se ensaya, hay un estudio, una cocina donde hornean galletas y pizzas y donde finalmente pueden tomarse una cheve los compas. En esta ocasión hay alrededor de treinta y cinco miembros deliberando cuestiones operativas: quién va a llevar las camisetas serigrafiadas, los discos, el dinero para las chelas , la comida, etc. Platicando con algunos de ellos mencionan que en esta ocasión sus bandas no tocaran en el festival, en cambio van a trabajar en la organización del evento, asistirán del equipo, atenderán la puerta y recibirán los boletos, servirán los tragos, cuidarán de las ventas, cuando le pregunto a uno de ellos la razón para sacrificar una buena ocasión para exponer su música me responde que le gusta trabajar en colectivo, él ya tocó el año pasado y ahora, la oportunidad de tocar es para otros. Olvido preguntar por el nombre de su banda.

 

Reunidos en la sala de la casona, sentados en amplios sillones alrededor de una mesa de centro, la conversación es animada y a un ritmo difícil de asimilar para quien se pierde entre la desordenada línea argumentativa de quienes proponen ideas y de quienes las apoyan. Las cheves van y vienen con la misma acuidad que el toque. Lo que da un sentido atropellado a la conversación colectiva. Sin embargo, el carácter caótico de la conversación, seguido de grandes lagunas de cómodos silencios tiene un sentido muy claro: con todo, se van resolviendo los puntos tratados, ¿y qué pasa cuando no hay solución inmediata al problema? Se confía en la participación de los miembros para el día de la tocada. Esto parecerá un sinsentido, pero generalmente las cosas funcionan así. Después de todo, ya es el tercer festival que organizan y siguen creciendo.

 

Mientras la conversación mengua, escuchamos las declaraciones de dos de ellos en un programa nocturno de radio Ibero. La información no varía gran cosa desde el comportamiento protocolario de la radio... se remarca el sujeto colectivo de los Grises, su carácter autogestivo y sobre todo y lo más importante: la potencia cultural del metal. El ambiente en la casona es francamente fraterno, mellow, pacífico y generoso con los invitados, se nos invita una cerveza, unas galletas recién horneadas, nos dan un tour por la casona.

 

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Fotografías Mara Arteaga: Bestia, Malastare, Moxiebeat; Los Ateos, Moe, (Sic)

 

 

 

El discurso alrededor de la autogestión fue adoptado muchos años atrás por los sectores libertarios en México. Principalmente fueron los colectivos anarquistas quienes enarbolaron dicha práctica. Confundiéndola en ocasiones con la autonomía o el DIY, la autogestión es la bella excusa para el trabajo compartido, para dar rienda suelta a la creatividad sin sueldo y para el proliferar de esforzados productores culturales indies. Es mas reciente el momento en que el campo del arte contemporáneo se ha hecho de la palabreja para describir la gestión de capitales privados ante el retiro de la gestión pública de las políticas culturales del Estado.

 

Esto significa más capitalismo, menos revolución. Es decir, se podrá afirmar todo de los proyectos autogestivos actuales en el campo del arte salvo que son anticapitalistas porque, evidentemente no lo son. No hay colectivo que no sepa llenar un folio para solicitar financiamiento ya sea al capital privado nacional o — los más avezados — internacional. Mediante el recurso a fundaciones, becas y convenios los artistas de hoy sobreviven a la indiferencia de la clase neoliberal en el poder. La autogestión pues, se convierte en una estrategia de promoción, una actividad con un fin compartido: el progresivo desarrollo de los intereses propios. Como dice Adorno, estos grupos se piensan más allá del campo del arte y también más allá del capital, no quieren incidir en ninguno de estos espacios pero no pueden impedir se determinados por ellos.

 

Debo decir que sucede algo distinto en el campo de la música underground. Más acostumbrados a la indiferencia de las políticas culturales del Estado, surcan por distintas comunidades y en muchas ocasiones son apoyados por estas, comprando camisetas, discos y demás parafernalia pop. Cuando no es suficiente, la resignación encuentra sentido en algún trabajo temporal pero con sueldo fijo. De esta manera se sostienen los músicos del under... muy distinto a los de música contemporánea quienes van encontrando atención en el mundo de las becas. En este sentido ¿dónde se ubica el colectivo de los Grises? No lo tengo muy claro, creo que su discurso de la autogestión proviene principalmente del campo del arte, pero sin duda está permeado por su aprendizaje en los modos de producción del underground. Dos campos separados pero en constante retroalimentación.

 

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Sin lugar a dudas para comprender mejor la tradición musical a la que se adscriben los Grises habría que recordar la antigua adopción del legado de Black Sabbath y Motörhead por el universo de la música underground norteamericana y europea de los años ochenta. Fue a partir de la escucha continuada de estas bandas que subgéneros como el Black Metal, el Sludge y el Stoner cobran vida a partir de bandas como Black Flag, Saint Vitus, Mercyful Fate, Venom, Melvins y Kyuss. Todos ellos comenzaron imitándolos hasta reproducir la singularidad que les distinguiría de la escuela antigua. Lograron exacerbar los riffs bajando los tonos hasta volverlos una vibración lenta y pegajosa como la miel de un avispero, acentuando alguna de las características estilísticas de las bandas Inglesas. Creando de esta manera un cancionero clásico a estudiar dentro del repertorio metaloso.

 

Black Sabbath no eran los únicos que buscaban endurecer al rock, elevar el volumen, distorsionarlo y volverlo una masa pegajosa y ardiente, ¡al contrario! desde un primer momento logran concentrar varias vertientes estético ideológicas del rock inglés de aquella época: el satanismo de Led Zeppelin, el blues elemental y descerebrado de los Hammersmith Gorillas, y el populismo rocanroloso de Dr. Feelgood.

 

Defenestrado por la critica de la época, Black Sabbath pega entre la raza proletaria del país, aglutinada en el norte de Inglaterra. Música de efecto inmediato, con un discurso donde Satán es el primer rebelde (el más célebre, al menos), lo que hacen es rocanrol no muy distinto del rocanrol de Buddy Holly... que no es cualquier cosa.

 

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Memoria fotográfica Mario Hernández: (Sic), Contrahistoria, Bestia, Bar de Monjas, Stalaktos,
Los Ateos, 33, Cardiel, Calafia Puta, Peste Negra, Hellmaistroz,
Moe, Moxiebeat y Nazareno el Violento

 

 

 

Es curioso cómo ha cambiado el lugar que ocupa Satanás en la cultura contemporánea. El diablo desde el Medievo reunía bajo su figura los temores y las dudas existenciales de la humanidad respecto a la posibilidad de un mundo sin la custodia de un Dios bueno y omnipotente. Con el advenimiento de la subjetividad moderna la figura del mal se interioriza, es producto de una inclinación característicamente sicológica. El mal son los otros y se encuentra subsumido en nosotros. El mal ya no nos acecha desde la oscuridad del mundo, ya nadie espera el momento para su retorno triunfante. Satanás desaparece bajo la fachada banal de un demonio impotente ante la complejidad psicológica humana. El diablo es engañado, humillado, burlado. En el mejor de los casos es un ser bonachón quien previamente se ha puesto de acuerdo con el Dios bueno para repartirse el gobierno sobre la población humana. Los castigos eternos se nos antojan aburridísimos, el sufrimiento infinito queda circunscrito en los límites de nuestra existencia burguesa, racional e hipócritamente piadosa. En un sitio como este, no ha lugar para la maldad contagiosa de un diablo cabrón.

 

De esta forma, el papel que cumple Satán en la tradición metalera clásica ( y por clásico me refiero a la tradición que va de Black Sabbath pasando por Judas Priest hasta el Black Metal europeo ) es completamente deudor de la repartición medieval del mundo. Partiendo de figuras esclarecidas del bien y el mal, se narran grandes batallas donde Satán se rebela y es derrotado, confían en la rebelión infinita del diablo como agente provocador ante las buenas conciencias, rebelándose contra la hipocresía del bien que es incapaz de derrotar de manera definitiva al mal metafísico hospedado en el corazón de las religiones paganas. La tradición que proviene del Grindcore y el Death Metal en cambio, suelen hacer un recuento del mal aquí en la tierra, tendiendo más hacia el sicologismo de los serial killers y la fisiología gore del cuerpo clínico. El mal es revelado mediante un procedimiento quirúrgico: hay una explicación y es social, soledad, ambición, desespero, alienación.

 

La distinción es, desde luego esquemática, hay innumerables bandas que exploran ambas temáticas — en una misma canción incluso —. Lo que me resulta más significativo es la persistencia de Satán como motivo de reflexión estética. Tal vez sean los metaleros los últimos en pensar las posibles derivas estéticas de la representación del mal y lo maligno en el mundo contemporáneo, descubriéndose como una fuerza moralista replicante del Dios cristiano.

 

Hace varios años ya, durante la semana santa escuché una explicación de la muerte del Jesús de Nazareth en términos estrictamente clínicos. El médico en cuestión explicaba la trayectoria de la lanza, la insolación y posterior deshidratación hasta llegar al colapso cardiaco y el desangrado de los órganos internos. La explicación me dejó sorprendido ¡El doctor describía el proceso de muerte clínica de Jesús el nazareno en plena semana santa! Nada se mencionó de la posterior resurrección. Lo interesante se encontraba en ver a Jesús como nosotros, frágil en su finitud. Su condición de hombre y no de hijo de Dios, etcétera. La charla decía bastante del estado desencantado de la cultura moderna en la que todos somos participantes.

 

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Así, los Grises con su forma de organización colectiva y de autogestión, más que emular el narco satanismo grindcorero me recuerdan más bien a cierta comunidad (a)narco apostólica, más cercana al cristianismo primitivo del siglo II o, a los milenaristas anarquistas que se sublevaron en Europa entre el siglo X y el 1500.

 

Dichas sectas milenaristas habían llegado a la siguiente conclusión: se acercaba la segunda venia del hijo de Dios, y todos aquellos que seguían pecando con la mentira y la injusticia serían degollados para con su sangre iluminar el retorno del nazareno. No era casual el que la iglesia y los nobles fueran señalados como los crápulas sujetos de la venganza divina aquí en la tierra. Fueron quinientos años de constantes rebeliones, sublevaciones donde las nuevas comunidades heréticas arrasaban abadías y monasterios, colgaban lo mismo a príncipes que a sacerdotes. Desconfiaban de su representación divina:

 

No os dejéis amilanar por esa antigüedad de la sangre de la que tanto se jactan, porque todos los hombres tiene un mismo origen; por tanto, todos son igual de antiguos y de naturaleza nos ha hecho a todos a partir de un modelo único.

Anónimo

 

 

Sin representación divina aquí en la tierra, las sectas heréticas hablaban directamente con Dios, eran los permisionarios de su justicia, matar a un sacerdote era necesario para ir desbrozando el mundo de la mentira y la corrupción.

 

Las sectas heréticas de las que hablamos fueron derrotadas tras la llegada de la Reforma alemana. Lutero y Calvino sirvieron de perros guardianes del poder real. Abrieron el camino para el capitalismo, ahí donde antaño la riqueza era vista con desprecio ahora se conminaba a su cultivo. Algunas de las sectas derrotadas huyeron al nuevo mundo, aún quedan algunos rasgos de ellas en Estados Unidos en la figura de los anabaptistas y los cuáqueros. Pero esa historia de rebelión y resistencia fue olvidada con la llegada de la era del Capital.

 

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Fotografías Mara Arteaga: Hellmaistroz, Cardiel, Stalaktos,
Weedsnake, Bar de Monjas, Warflesh, Lxs Escombro,
Contrahistoria, 33 Y Calafia Puta.

 

 

 

La tocada comienza en ambos escenarios, obligándonos a ir constantemente de un lado al otro. Las bandas más interesantes confluyen de alguna manera en géneros muy determinados y establecidos un par de décadas atrás — sino es que más. Aquí debo detenerme un poco y explicar cómo, después de comerme un brownie los recuerdos se vuelven vagos e incoherentes: Bar de Monjas es una banda con el nombre perfecto para la música que hacen, si logramos imaginar un género dentro de la rockola los encontrarían en la sección Stoner, ligeramente más pop que el stoner acostumbrado, su sonido es pachecón y contagioso. Lo mismo Weedsnake más metalero y con un frontman abocado a predicar las bondades de la maría... y yo que me encuentro intoxicado sólo recuerdo mi ansiedad ante la multitud que tranquila se demora frente a las bandas. Con todo, (Sic) desentona. Observo como varios jóvenes escuchan con perplejidad y sorpresa el ruido interrumpido, la voz que poderosa es detenida por el sinsentido, la batería mantiene demasiados cambios, es celebrada sin embargo en sus breves momentos de carga incesante... los cuales duran demasiado poco, por desgracia. (Sic) sin embargo está en el lugar apropiado. La forma en que experimentan con la electrificación y el ruido resingulariza su relación con las demás bandas participantes del festival, además de que da qué pensar a los escuchas que perplejos no logran comprender del todo de qué va esa banda.

 

Dentro de los géneros reconocibles se encuentra el punk hardcore. Siendo un género con el cual comulgué durante mi adolescencia le encuentro algo predecible. Hay algo de rito viejo y hábito y de costumbre en los músicos. El punk hardcore es la nueva música folklórica, igual como lo es el blues y la cumbia, el punk sobrevive en las comunidades más cerradas. Siempre protestando, denunciando y agitando las aguas calmas de la conformidad adolescente. El problema con cierto arte politizado es que tiende a conformar un grupo de consenso donde se está de acuerdo en la crisis del mundo sin ninguna capacidad para replantear el orden del disenso. Lo suyo es la conformidad con la denuncia, sin adoptar del todo el nihilismo de los anarquismos individualistas, de la destrucción del mundo bajo el capitalismo se limitan a denunciar los espacios delimitados por el poder del Capital tal y como lo entienden los anarquistas: el banco, la escuela, el ejército, la iglesia. Aun así, el espectáculo es inmejorable, los punks (los Hellmaistroz y Calafia Putas ¡Rifan!) siguen haciendo el desmadre más divertido de la noche, algunos se desnudan, todos saltan y la música da un vértigo de los mil demonios, sigue siendo rocanrol pero es un buen rocanrol.

 

Nos enfrentamos con la conquista del metal como fuerza estética, poderosa y potente. La proliferación de géneros que contiene es numerosa, Metalcore, Black metal, sludge, stoner, grindcore, death metal, thrash metal, etc. Los nombres indican formas de aproximarse al evento musical, ayudan a quien escribe esto y a la numerosa audiencia a posicionarse, a establecer criterios de escucha más concentrados, que involucran al cuerpo, a su capacidad de sentir las vibraciones, los amplios zumbidos como océanos de sensación, los bajos profundos y continuos que cimbran a nuestra razón.

 

La calidad de las propuestas varía grandemente. Como es normal en todos los proyectos colectivos el talento está repartido de manera desigual entre sus miembros, los hay de genialidad idiota y los hay simplemente geniales. Creyentes fervorosos de los antiguos poderes del rocanrol pretenden continuar una tradición donde la música es el factor primordial de convivencia. Con ellos no se sabe muy bien que es más importante: si ser gris o adorador de un demonio desangelado por el paso del tiempo... ser gris... a güevo.

 

 

Inti Meza Villarino
18 Mayo 2015

 

 

Inti Meza ( Ensenada, B.C, 1973 – ), 666 Satan-ismo crítico, Cooperativa de Trabajo Hormiga, Seminario Itinerante de Crítica Cultural y Práctica Artística, etcétera. "Gestor de nada, promotor de su propia incompetencia, pierde el tiempo de su vida en proyectos sin solución ni esperanza. Alguna vez cayó en la cárcel pero no le gusta que se lo pregunten. Adora la música toda, le va desde el pop hasta la “clásica” (en realidad, el piensa que todo es POp). Misántropo y comunista. Decidido a no dejarse convencer por las dulces sirenas del consumismo capitalista, consume su vida en sesudos libros interminables, y escribiendo notas que no llegan a ningún lado. Su optimismo es frágil (el mundo no está para menos) pero cuando tiene hambre nada lo detiene." (666)

 

Publicado el Martes 21 de Julio de 2015